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Regalos para bibliofilos


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Había un lirismo otoñal en la pintura y en la poesía.
Somos viejos amigos, hemos compartido años de destierro, siempre nos habíamos identificado en una convicción y en una esperanza comunes.A renglón seguido del bombardeo aéreo entraron en acción los tanques, muchos tanques, a luchar intrépidamente contra un solo hombre: el presidente de la república de Chile, Salvador Allende, que los esperaba en su gabinete, sin más compañía que su gran corazón envuelto en humo.También mis zapatos fueron estudiados premios de loteria del niño por dentro y por fuera, como ejemplares únicos de fabulosos fósiles.Allí le darían una fortuna por el preclaro instrumento.Los nazis sitiaban a Leningrado y se adentraban en territorio soviético.En aquellos gráficos observé que cada estrella tiene un tipo de letra diferente, fascinadora y temblorosa, aunque incomprensible para mis ojos de poeta terrestre.Sus transidos ojos y sus rígidos rostros se transmutaron, como si se les hubieran desprendido tres máscaras antiguas de sus antiguos rasgos.Casi siempre los núcleos teosóficos eran dirigidos por aventureros occidentales, sin faltar americanos del Norte y del Sur.Nancy tenía una pequeña imprenta en su casa de campo, en la provincia francesa.Querían examinar nuestros papeles y, tras darles un vistazo, se llevaron al poeta leonés entre dos hombres armados.He seguido cantando, amando y respetando la revolución cubana, a su pueblo, a sus nobles protagonistas.
De los representantes de las naciones aliadas en México no conocía ni a ingleses ni a norteamericanos.
Pintores y músicos populares, juristas y escritores, exploradores y andinistas, dan tono de inquietud y rápido entendimiento a todos los Bianchi.
Al local de la Federación de Estudiantes entraban y salían las más famosas figuras de la rebelión estudiantil, ideológicamente vinculada al poderoso movimiento anarquista de la época.Aunque esto no interesa a nadie, somos felices.Luego, cada uno de nosotros se despedía de él con solemnidad y partíamos dejándolo completamente solo en la puerta del camposanto.Quiero vivir en un mundo en que los seres sean solamente humanos, sin más títulos que ése, sin darse en la cabeza con una regla, con una palabra, con una etiqueta.Nombres con aroma de plantas salvajes, y a mí me cautivaban con sus sílabas.Se había roto un vidrio, nevaba, y el río nos llegaba al alma.Por primera vez vivíamos juntos en una misma casa.



México es una tierra de vasijas y cántaros y de frutas partidas bajo un enjambre de insectos.
Escucha me decía, tomándome de un brazo, ves esa ventana?
El sexto número de Caballo Verde se quedó en la calle Viriato sin compaginar ni coser.


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